Historia del pádel en Argentina
El pádel llegó a Argentina en 1975, un año después que a España, cuando Julio Menditeguy lo trajo desde Marbella. Prendió como en ningún otro sitio: en los años noventa era ya el segundo deporte del país por detrás del fútbol, con miles de pistas construidas y una federación nacional que fue la primera del mundo.
De Marbella a Buenos Aires
Un año después de que Alfonso de Hohenlohe levantara las dos primeras pistas del Marbella Club, el pádel cruzó el Atlántico. Fue Julio Menditeguy, empresario argentino que había visto el juego en la Costa del Sol, quien lo llevó a Argentina en 1975. Las primeras pistas se construyeron en el Club Tortugas, en el Mar del Plata Ocean Club y en estancias y casas particulares de familias con dinero, exactamente el mismo circuito social que lo había recibido en España.
La diferencia es lo que pasó después. En España el pádel tardó casi dos décadas en salir de la costa; en Argentina se desbordó en menos de diez años.
El desbordamiento de los años ochenta y noventa
El pádel argentino se convirtió en un fenómeno de masas a una velocidad que no tiene comparación con ningún otro mercado, ni siquiera con el español. A comienzos de los noventa era ya el segundo deporte practicado del país por detrás del fútbol, con una cifra de pistas construidas que se cuenta por miles y una implantación que llegó hasta ciudades pequeñas del interior.
La institucionalización acompañó al fenómeno y en algunos aspectos se adelantó al resto del mundo. En 1988 se fundó la Asociación Pádel Argentino, la primera asociación nacional del deporte en cualquier país. Tres años después, en 1991, nacía la Federación Internacional de Pádel y se disputaba el primer Campeonato Mundial.
De aquella etapa salió también la innovación técnica que hizo posible todo lo demás. En 1989 el entrenador Jorge Galeotti desarrolló el Crystal Palace, la primera pista de cristal desmontable y transportable. Sin ella, el pádel no habría podido montarse en pabellones, plazas ni estadios, y la expansión internacional del circuito habría sido otra historia.
La corrección, y por qué importa
La historia argentina no es una línea ascendente. Al auge de los noventa le siguió una caída pronunciada, empujada por la crisis económica del país a comienzos de los dos mil: pistas abandonadas, clubes cerrados y una generación entera de practicantes que dejó de jugar. Durante años, el pádel argentino fue un deporte que había sido enorme y ya no lo era.
Lo que sobrevivió a esa contracción fue precisamente lo que explica el presente: una cultura de juego, una red de entrenadores y una forma de entender el punto —paciencia, defensa, uso de la pared— que se transmitió aunque el negocio se hundiera. El deporte volvió a crecer después, pero la ventaja competitiva argentina venía de aquella base que no llegó a desaparecer del todo.
La emigración como estructura de carrera
El rasgo que define al pádel profesional argentino es geográfico. El circuito, sus patrocinadores y su calendario están en Europa, y en la práctica en España. Un jugador argentino que quiera competir al máximo nivel tiene que trasladarse, normalmente muy joven y normalmente a Madrid o a la costa mediterránea.
Eso ha producido un fenómeno poco habitual en el deporte de alto nivel: dos países que compiten por los mismos títulos y cuyos jugadores forman pareja entre sí de manera sistemática. Las mejores parejas del circuito han sido durante años hispano-argentinas, así que la rivalidad entre ambos existe en los campeonatos por selecciones y se disuelve por completo en el juego semana a semana.
El palmarés internacional
En el Campeonato Mundial por selecciones, que se disputa cada dos años desde 1992, Argentina es la nación más laureada del cuadro masculino con diferencia, y tiene también un registro muy fuerte en el femenino. Es el único país que ha discutido el dominio español de forma continuada a lo largo de toda la historia de la competición.
En el circuito individual la comparación es distinta. Argentina aporta menos jugadores clasificados que España —su base es mucho más estrecha— pero una proporción muy alta de ellos llega arriba. Es un país que produce élite, no volumen.
Dónde está el deporte hoy
El pádel argentino vive una segunda expansión, más ordenada que la de los noventa y apoyada esta vez en el prestigio internacional de sus jugadores. El deporte ha vuelto a los clubes y a la televisión, y el circuito profesional ha empezado a incluir pruebas en el continente americano después de años de calendario casi exclusivamente europeo.
Lo que no ha cambiado es el mecanismo: los mejores siguen marchándose a Europa para competir. Mientras el calendario siga donde está, el pádel argentino seguirá siendo un país que forma jugadores y los exporta.