Historia del pádel en España
El pádel llegó a España en 1974, cuando Alfonso de Hohenlohe volvió de Acapulco decidido a construir en el Marbella Club dos pistas del juego que acababa de descubrir en casa de su amigo Enrique Corcuera. Medio siglo después es el segundo deporte de práctica del país y España exporta jugadores, entrenadores y marcas a todo el mundo.
De Acapulco a Marbella
El pádel no nació en España, pero sí se hizo deporte aquí. En 1969 el mexicano Enrique Corcuera adaptó un frontón de su casa de Acapulco cerrándolo con paredes y colocando una red en el centro; el resultado era un juego nuevo, jugable en poco espacio y aprendible en una tarde. Cinco años más tarde, en 1974, su amigo Alfonso de Hohenlohe lo probó durante una visita y volvió a la Costa del Sol convencido de que aquello funcionaría en Marbella.
Hohenlohe no se limitó a copiar la pista de Corcuera. Retocó las medidas y el cerramiento antes de levantar dos pistas en el Marbella Club, el hotel que él mismo había fundado y que por entonces reunía a la aristocracia europea y a media industria del cine. El primer reglamento escrito lo firmó su mujer, Viviana Dellavedova. Aquellas dos pistas son el punto de partida de todo lo que vino después.
El entorno hizo el resto. Manolo Santana, campeón de Wimbledon y figura del tenis español, se enganchó pronto y llevó el juego a sus círculos; los torneos sociales se multiplicaron por la costa malagueña y el pádel se asoció durante años a un cierto ambiente de club privado. En 1975, el argentino Julio Menditeguy lo llevó desde Marbella a Buenos Aires, y ahí empieza la otra mitad de la historia del deporte.
Del club privado al deporte de barrio
Durante casi dos décadas el pádel español fue un fenómeno regional y acomodado. Lo que lo convirtió en deporte de masas fue la mudanza tierra adentro: pistas en polideportivos municipales, en clubes de tenis que reconvirtieron espacio muerto y, sobre todo, en instalaciones privadas de barrio que descubrieron que cuatro jugadores por pista rentabilizan mucho mejor el metro cuadrado que dos.
La Federación Española de Pádel ordenó ese crecimiento con un circuito nacional, un sistema de categorías por nivel y una estructura autonómica que sigue siendo la columna vertebral del deporte amateur. La progresión de las licencias federativas cuenta la historia mejor que cualquier relato: poco más de 6.000 federados en el año 2000, unos 31.500 en 2010, menos de 40.000 en 2012, alrededor de 75.000 en 2020 y la barrera simbólica de las 100.000 superada por primera vez en 2023.
El mapa de esa expansión no es uniforme. Cataluña y Andalucía concentran la mayor densidad de pistas, seguidas de Madrid y la Comunidad Valenciana. En conjunto, el país ronda las 17.000 pistas repartidas entre unos 4.500 clubes e instalaciones deportivas, con más de 1.500 clubes federados, más de 1.400 licencias de entrenador y en torno a 550 árbitros en activo.
El ciclo comercial: construir, saturar, depurar
Conviene no contar esto como una línea recta ascendente, porque no lo fue. El pádel español ha atravesado al menos dos ciclos de sobreoferta. El primero llegó con el final del boom inmobiliario: muchas pistas se habían levantado como reclamo de urbanizaciones y complejos residenciales, y cuando el crédito se cortó, buena parte de aquellas instalaciones quedaron sin mantenimiento o directamente cerradas.
El segundo ciclo es más reciente y de otra naturaleza. La pandemia disparó la demanda de deporte al aire libre y con contacto limitado, y el pádel fue uno de los grandes beneficiados; detrás llegó una oleada de aperturas, muchas financiadas con la expectativa de que las tasas de ocupación de 2021 eran el nuevo suelo. No lo eran. La consecuencia ha sido una depuración silenciosa: centros con precios agresivos que no cubrían costes, cierres discretos y una concentración creciente en manos de cadenas capaces de operar varias sedes con la misma estructura.
Lo que ha sobrevivido a los dos ciclos es un mercado más profesional y menos improvisado. La pista de pádel dejó de ser un complemento del club de tenis para convertirse en el negocio principal de miles de instalaciones, con reserva por aplicación, escuelas, ligas internas y una industria de material y ropa que factura sin depender del turismo.
Los circuitos profesionales
El pádel profesional español ha cambiado de dueño varias veces. El Padel Pro Tour organizó la competición de élite durante los años dos mil; en 2013 le tomó el relevo el World Padel Tour, impulsado por la cervecera Damm, que durante una década fue el circuito de referencia mundial y llevó el deporte a la televisión generalista y a pabellones llenos.
La ruptura llegó en 2022 con el nacimiento de Premier Padel, respaldado por Qatar Sports Investments y por la Federación Internacional de Pádel, que situó pruebas en escenarios como Roland Garros o el Foro Itálico. Durante año y medio los jugadores quedaron atrapados entre dos calendarios y dos contratos, con litigios de por medio. En agosto de 2023, QSI adquirió el World Padel Tour a Damm y ambos circuitos se unificaron bajo el paraguas de Premier Padel.
El cierre tuvo lugar en casa: la Master Final de Barcelona de 2023, en el Palau Sant Jordi y ante más de 16.000 espectadores, fue la última prueba del World Padel Tour. Desde entonces el calendario profesional es uno solo, y España aporta tanto sedes —Madrid como parada mayor— como la mayor delegación de jugadores de cualquier país.
España en el pádel internacional
El Campeonato Mundial por selecciones se disputa cada dos años desde 1992 y ha sido durante toda su historia un duelo entre dos países. Argentina domina el palmarés masculino con holgura; España ha sido su rival recurrente, con títulos propios en categoría masculina —el último en Riviera Maya, en 2010— y una racha mucho más sólida en el cuadro femenino, donde el equipo español se ha instalado entre los grandes vencedores de la competición.
En el circuito individual la comparación es más favorable. La primera línea del ranking mundial, masculina y femenina, está poblada de jugadores españoles, y los grandes títulos de la temporada rara vez se reparten sin que aparezca alguno. La particularidad del pádel es que ese duelo nacional se disuelve en la pista: las mejores parejas suelen ser hispano-argentinas, de modo que la rivalidad entre selecciones convive con una relación de dependencia mutua en el juego de clubes.
Dónde está el deporte hoy
España es el país con más practicantes de pádel del mundo en términos relativos y el segundo deporte de práctica del país por detrás del fútbol. La cifra de licencias federativas —más de 109.000 en 2024, un 8 % por encima del año anterior— se queda muy corta como medida real: la inmensa mayoría de quienes juegan cada semana no se federa nunca, porque para reservar una pista y jugar un partido entre amigos no hace falta.
El deporte que ha quedado tras cincuenta años, dos ciclos de sobreconstrucción y una guerra de circuitos es reconociblemente el mismo que se jugó en aquellas dos pistas de Marbella, pero opera a otra escala: una industria de material con marcas nacidas aquí, una cantera que alimenta el ranking mundial a un ritmo que ningún otro país sostiene, y un mercado exterior —Suecia, Italia, Países Bajos, Emiratos— construido en buena medida por entrenadores y empresas españolas.