Historia del pádel en Chile
El pádel llegó a Chile a mediados de los años noventa de la mano de jugadores españoles de tenis y golf, y pasó dos décadas convirtiéndose de rareza de club privado en deporte de masas: un crecimiento que durante la pandemia superó a la propia oferta de pistas y que después se corrigió cerrando clubes casi tan rápido como se habían abierto.
La llegada desde el tenis y el golf
El pádel desembarcó en Chile a mediados de los años noventa, traído por jugadores españoles que habían llegado al país por el tenis y el golf y que introdujeron el deporte en los clubes donde practicaban. Durante años siguió siendo una curiosidad de club privado, jugada en un puñado de pistas casi siempre cerradas al público, hasta que a comienzos de la década de 2000 más clubes abrieron sus puertas y empezaron a aparecer los primeros torneos locales. La federación chilena se afilió a la Federación Internacional de Pádel (FIP) en 1994, apenas unos años después de la creación de la propia FIP, un paso administrativo temprano que se adelantó casi una década a la popularidad masiva del deporte en el país.
La entidad que hoy dirige el pádel chileno, FEPACHI (Federación Nacional de Padel de Chile), tomó su forma actual bajo la presidencia de Fabián Parolin, que ocupa el cargo desde 2010 y que también ha sido vicepresidente de la FIP. Bajo su dirección la federación construyó el andamiaje administrativo que necesita cualquier deporte nacional: categorías de ranking para hombres y mujeres desde iniciación hasta élite, divisiones por edad que van desde las categorías juveniles hasta séniors, certificación de entrenadores y un calendario doméstico que tiene en la Copa Chile de Clubes su cita central.
El auge de la pandemia y su corrección
El crecimiento del pádel chileno no fue una línea recta. La demanda de pistas ya venía subiendo desde finales de la década de 2010, pero los años que rodearon la pandemia de COVID-19 convirtieron esa subida en una carrera: un deporte al aire libre, de contacto mínimo, que cuatro amigos podían aprender en una tarde con una pala -o paleta, como se conoce en buena parte de Sudamérica- y una pista, era exactamente lo que muchos chilenos buscaban tras el estallido social de 2019 y las restricciones de 2020 y 2021. Los clubes se multiplicaron por todo el país, con especial fuerza en las comunas de mayores ingresos de Santiago: hacia 2019 había en Chile en torno a trescientas pistas, y para 2023 esa cifra superaba ya las mil setecientas, según datos recogidos por la prensa económica local.
Ese crecimiento no siguió indefinidamente. Hacia 2024, tanto la prensa especializada como la propia federación hablaban ya de una corrección de mercado: el volumen de reservas cayó de forma notoria a lo largo del año, las listas de espera que antes se extendían durante semanas se redujeron a disponibilidad el mismo día, y un número considerable de clubes cerró sus puertas al no poder sostener la oferta construida durante el boom. El propio Parolin ha reconocido abiertamente que el país cuenta hoy con bastantes menos centros en funcionamiento que en el momento más alto de la burbuja. Contado sin dramatismo, se trata de un mercado joven pasando de una moda impulsada por la pandemia a un tamaño más sostenible: el sobredimensionamiento seguido de consolidación es un recorrido habitual en un deporte que ha crecido así de rápido en tantos países a la vez, y la versión chilena de ese ciclo está bien documentada, no es una excepción.
Los jugadores que llevaron a Chile al mapa internacional
Durante buena parte de la década de 2010 y hasta entrados los años 2020, un solo jugador hizo más que nadie por situar a Chile en el mapa profesional del pádel. Javier Valdés creció rodeado del deporte -su padre, Juan Carlos, había sido el mejor jugador del país- y se dedicaba al tenis hasta que una lesión de espalda en la adolescencia le hizo cambiar de rumbo. Un viaje para ver un Mundial junto a su padre terminó de convencerle, y en 2016 se instaló en España para intentar vivir del pádel. Durante un largo periodo posterior fue, según sus propias palabras, el único chileno que trataba el pádel como una profesión a tiempo completo en cualquier lugar del circuito mundial. Esa soledad se fue disipando a medida que construía una carrera lo bastante sólida como para llegar al cuadro principal de todos los Majors de Premier Padel.
El pádel femenino encontró su propio cruce de disciplinas de perfil alto en Andrea Koch Benvenuto, extenista profesional que había representado a Chile en Copa Federación antes de pasarse al pádel. En marzo de 2023 se convirtió en la primera chilena en disputar un torneo del World Padel Tour, y desde entonces ha combinado la competición y la enseñanza del pádel con un papel en la administración del tenis chileno. Detrás de estas dos figuras, un grupo de jugadoras más jóvenes -entre ellas Catalina Arancibia y Kimberley Ahumada Carrasco- representa el intento de la federación de ampliar una cantera que, por ahora, solo ha producido un puñado de jugadores capaces de sostener una carrera profesional a tiempo completo.
Resultados internacionales y la selección nacional
El logro colectivo más claro de Chile llegó en 2019, cuando el equipo masculino ganó por primera vez en la historia de la federación el Campeonato Sudamericano, al vencer a Brasil en la final disputada en Encarnación, Paraguay. La selección femenina chilena llegó también a la final de esa misma edición y se quedó con el subcampeonato, un resultado que supuso un avance real para el pádel femenino del país. En los años siguientes, las selecciones nacionales sumaron nuevas medallas continentales, incluidos puestos de subcampeón y de tercer puesto en competiciones panamericanas y odesur a comienzos de la década de 2020.
En la cima del deporte, la selección masculina terminó octava en el Mundial celebrado en Dubái en 2022 y repitió esa misma posición en la edición siguiente, disputada en Catar en 2024, un resultado que sitúa a Chile entre las selecciones sudamericanas más fuertes fuera de las dos potencias dominantes del deporte, Argentina y Brasil.
Un lugar fijo en el circuito profesional
La posición de Chile volvió a dar un salto cuando Premier Padel, el circuito de máximo nivel del deporte, llegó por primera vez a Santiago en 2024, con sede en el Movistar Arena. El torneo se gestó después de que la promotora chilena Acción Total empezara a cortejar directamente a Qatar Sports Investments en 2022, hasta convencer a los propietarios del circuito de sumar Santiago al calendario. La cita regresó en 2025, esta vez en el Estadio San Carlos de Apoquindo, como primera parada sudamericana de la temporada del circuito, lo que le dio a Chile una fecha recurrente en lugar de una visita puntual. La FIP también ha llevado a Santiago su circuito Promises para jugadores juveniles, con cuadros por categorías de edad que dan a la próxima generación chilena experiencia competitiva frente a rivales de todo el continente.
Visto en conjunto, el panorama es el de un negocio que atravesó un ciclo de auge y corrección marcado, típico de un mercado joven, mientras su estructura competitiva -federación, selecciones nacionales, una fecha fija en el circuito y una cantera juvenil- ha seguido construyéndose por debajo, de forma más constante.